sábado, 1 de marzo de 2014

otro peligro más en la vía

Logré sacar mi licencia, por fin, después de tantos años ya me había dado por vencida, no veía llegar este día. Me siento contenta de haber logrado una de mis muchas metas atrasadas, pero también me entristece que no este lo suficientemente preparada para estar en la calle, sería como un carnet más que adorna y embellece la cartera.

Ese día, mi papá y yo fuimos a recoger el diploma en la escuela de manejo, después de ahí nos fuimos directamente a sacar la licencia. Como de costumbre estaba muy nerviosa y confusa y no se imaginan todos los sentimientos negativos que sentía en esos momentos de espera y realización de los exámenes visual, auditivo, teórico y práctico; miedo al fracaso, miedo ha no recordar la respuestas de las preguntas, miedo de no escuchar la pregunta correctamente, miedo de no escuchar mi nombre y perder mi turno; era un océano de miedos, ansiedad, estrés, y nerviosismo. Caos total. 

A pesar de todos estos sentimientos, logré superar todos los exámenes que eran adentro del edificio, solamente faltaba el práctico, otro tormento más. El instructor me llamó, ¿cuál es su nombre y su cédula?, tiene que estacionarse primero de frente, segundo de lateral y tercero de atrás, estás fueron las órdenes que me dieron y comencé; primero de frente, listo; segundo de lateral, que lío; tercero de atrás, como sea, ya quiero terminar esto, igual ya fracasé. Al terminar los tres estacionamientos, le pregunté al instructor si eso era todo, ya que había terminado y él no me decía nada. Él me pregunto: _"¿cuál es su nombre? ¿está apurada?, y le dije: _" no, no, para nada". Al parecer el instructor estaba enojado, y me dejo esperando un rato, mientras miraba su tableta; yo frustrada esperando a que me dijera mis resultados con la esperanza de haber pasado y no volver a verlo más, sudando por la calor y por los nervios, finalmente me dijo: _"tiene que regresar", yo dije: _"¿qué? ¿por qué?. Aunque estaba segura que no pasaría por dejarme llevar de mi inseguridad y sentimientos negativos, me rehusaba a aceptar el fracaso, quería una explicación, quería pasar, y tener la licencia que por tantos años no la había obtenido. El instructor me dice: _"tiene que regresar a la sala para pagar y retirar la licencia", jajajaja que gracioso este instructor, y deje salir un suspiro de alivio y unas últimas palabras de agradecimiento antes de regresar a la sala.


Lo que deberíamos sentir vs. Lo que en realidad sentimos

Muchas cosas han ocurrido en estos primeros meses del año, tanto buenas como malas, pero lo que les quiero escribir hoy es acerca de esta frase que me llamó la atención cuando veía unos de los vídeos de TED _"Lo que deberíamos sentir vs. lo que en realidad sentimos".

Desde niños, nuestros padres, nuestros tíos, abuelos, familiares, maestros, amigos, la sociedad en sí nos enseña de como debemos sentir ante ciertas situaciones o antes ciertas personas. _"Deberías sentirte avergonzado" _"Deberías estar orgulloso, lo venciste" _"Deja de llorar, si eres un hombrecito". Pero esto no sólo termina en la niñez, sino que se sigue dando por toda la adolescencia, la adultez y hasta la muerte; no se dan cuenta de los errores que estamos cometiendo, ¿por qué tenemos que sentir como sienten los demás? ¿para formar parte de la sociedad, de algún grupo? Es por esto y por muchas otras razones que nos enfrentamos hoy en día con las controversias de ser heterosexual o homosexual, ser del lado derecho o izquierdo dentro de la política, ser católico o judío o otras religiones. 

Cada persona tiene su propios sentimientos, uno se diferencia de otro por tantas cosas, están los sentimientos, las emociones, la personalidad, la perspectiva, su modo de pensar y de ser, ¿por qué nos cerramos en estereotipos? ¿por qué discriminar a otros por ser diferentes a nosotros? si en realidad todos somos diferentes, podemos tener intereses comunes, pero y qué? somos diferentes y punto. Porque eres de otra raza, porque tienes tatuajes, porque eres esto, esto, y esto, te voy a discriminar y excluir del grupo. ¿Quién te ha dado el título de juez, de juzgar por como nos sentimos? Deja a un lado los prejuicios, la vida es de cada quién, no te metas en otra vida para perjudicarla sino para mejorarla, comienza a tratar a los demás como te gustaría que fueras tratado, tratémonos como humanos, iguales todos y a la vez diferentes unos de los otros; no me digas como debo sentir, mejor ayuda a sentirme mejor, como dice uno de mis profesores _"todos tenemos un letrero en el pecho que dice: hazme sentir bien, sólo que ese letrero es invisible".