Mi persona hace cuatro años atrás, sostenía muy bien una discusión, peleaba con fuerza, con argumentos correctos o absurdos, pero buscaba siempre tener la última palabra. En momentos de enojo, podía transmitirla injustamente con la primera persona que hablase en la casa...
Reciente quedé sorprendida al ver que ya no podía alzar mi voz, aunque tuviese la razón a mi favor... Un día, como cualquier otro, me enojo con mi hermanito por permanecer todo su tiempo frente al ordenador; sin ir a comer cuando la comida se encontraba lista, o realizar sus tareas con anticipo. Cuando comienzo a regañarlo, mi voz no suena en su mejor tono, sin firmeza ni autoridad, sino todo lo contrario. Una voz temblorosa, sin argumentos válidos, una voz baja que solo repetía "no me interesa", "no me interesa". Mis ojos se llenaron de lágrimas y mi mente buscaba desesperadamente las palabras correctas para finalizar de una vez la discusión.
Al parecer, mi consciente me quiere dar a entender, que los gritos no nos llevan a ningún bien, que la violencia es sinónimo de torpeza, de ignorancia, salvajismo, incomprensión.
